Allende destruyó la democracia: La Crítica Contundente de Axel Kaiser

En el panorama político chileno y latinoamericano, la figura de Salvador Allende sigue siendo objeto de intensos debates y reinterpretaciones. Recientemente, el presidente Gabriel Boric ha caracterizado a Salvador Allende como un "demócrata intachable", una afirmación que ha reavivado discusiones profundas sobre el legado del exmandatario y la naturaleza de su proyecto político. Esta visión, ampliamente difundida y defendida por sectores de la izquierda, contrasta drásticamente con interpretaciones que lo señalan como una figura que, consciente o inconscientemente, sentó las bases para el quiebre institucional.
En este contexto, el autor y columnista Axel Kaiser emerge como una de las voces más críticas y vehementes contra la idealización de Salvador Allende. En sus análisis, Kaiser no solo refuta la etiqueta de "demócrata intachable", sino que profundiza en lo que él considera las verdaderas intenciones y las inevitables consecuencias del proyecto de la Unidad Popular. A través de argumentos que se sumergen en las declaraciones del propio Allende, en sus afiliaciones ideológicas y en los resultados prácticos de su gobierno, Kaiser postula que la administración de Allende fue un factor determinante en la destrucción de la democracia chilena, llevando al país al borde de un abismo del que, según su perspectiva, los militares terminaron por "salvarlo", aunque sin justificar todos los eventos subsiguientes.
La Verdadera Visión de Salvador Allende: Más Allá del Mito Democrático
La caracterización de Salvador Allende como un "demócrata intachable" es, para Axel Kaiser, una distorsión histórica que ignora evidencias cruciales. Kaiser argumenta que las inclinaciones ideológicas de Allende estaban lejos de ser puramente democráticas en el sentido liberal occidental. Una de las pruebas más citadas por Kaiser es la dedicatoria de Che Guevara en un ejemplar de su libro "Guerra de Guerrillas", donde se refiere a Allende como un "compañero" con quien no tenía "diferencias de principio". Esta frase, aparentemente simple, es interpretada por Kaiser como una confirmación de la profunda afinidad ideológica de Allende con el pensamiento revolucionario marxista, que en la práctica histórica ha derivado en regímenes de totalitarismo marxista y dictadura del proletariado.
Según Kaiser, esta conexión ideológica es fundamental para entender que Allende no concebía la democracia como un fin en sí mismo, sino como un medio para alcanzar un fin superior: la transformación socialista radical de la sociedad. Sus propias declaraciones, analizadas por Kaiser, revelan que Allende consideraba legítima la vía armada si la vía democrática o institucional fallaba en la consecución de sus objetivos revolucionarios. Esta postura, lejos de la imagen de un demócrata convencido de los procesos electorales y el respeto irrestricto a las instituciones, lo situaba en una órbita ideológica donde la voluntad revolucionaria podía, en última instancia, trascender las limitaciones impuestas por el marco democrático tradicional.
Esta perspectiva de Allende, donde no existían "diferencias de principio" con figuras como Che Guevara y donde la vía armada no era descartada, es clave para la tesis de Kaiser. Lejos de ser un desliz o una mera retórica, para Kaiser esto demuestra que la adhesión de Allende a la democracia era táctica y no sustancial. La finalidad última era la implantación de un sistema socialista que, por su naturaleza, eventualmente requeriría la supresión de las libertades individuales y el control total del Estado, características inherentes al totalitarismo marxista y a la dictadura del proletariado, que Kaiser asocia con las "utopías totalitarias" que el mandatario apoyaba.
Allende: ¿"Blandengue" Bohemio o Destructor de la Democracia?
Axel Kaiser no se limita a criticar la ideología de Allende; también ofrece una particular caracterización de su personalidad. Lo describe como un "blandengue" bohemio, sin la "fibra revolucionaria" que cabría esperar de un líder con sus convicciones ideológicas. Esta descripción podría parecer paradójica, pues si Allende era tan poco comprometido, ¿cómo pudo ser tan destructivo? Kaiser establece una analogía con Gabriel Boric, sugiriendo que ambos comparten una cierta falta de pragmatismo o de la determinación brutal que se asocia con los verdaderos líderes revolucionarios.
Sin embargo, para Kaiser, esta aparente "blandenguería" no minimiza el impacto destructivo de su gobierno. Por el contrario, es precisamente su respaldo a "utopías totalitarias" –ideas que, aunque no fueron implementadas en su totalidad, guiaron su administración– lo que resultó catastrófico. La "pulsión" de Allende y la Unidad Popular de construir un "paraíso sobre la tierra" a través de la ingeniería social marxista, a pesar de su supuesta falta de "fibra revolucionaria" personal, fue lo que desestabilizó fundamentalmente el orden institucional y social chileno. Las políticas de nacionalización masiva, la expropiación de tierras y empresas, la promoción de la lucha de clases y la injerencia política en todos los ámbitos de la vida nacional, no fueron meros errores de gestión, sino la aplicación de un programa ideológico que buscaba subvertir el sistema existente.
Es en esta distinción donde Kaiser enfatiza que la destrucción no provino necesariamente de una dictadura impuesta por Allende de inmediato, sino de la implacable erosión de las bases democráticas. La persistencia en un camino que polarizaba a la sociedad, que desafiaba el marco legal y constitucional, y que generaba un caos económico y social sin precedentes, fue la verdadera herramienta de destrucción. Así, la democracia chilena no fue derrocada de la noche a la mañana, sino que fue sistemáticamente socavada por las acciones y omisiones de un gobierno que, aunque operaba dentro de un sistema democrático, perseguía objetivos que fundamentalmente lo negaban.
La Unidad Popular y la Ruptura Institucional en Chile
La tesis central de Axel Kaiser es que Salvador Allende y la Unidad Popular fueron directamente responsables de la destrucción de la democracia chilena. Esta afirmación no se basa solo en las declaraciones de Allende o en su afinidad ideológica, sino en las políticas y acciones concretas llevadas a cabo durante su gobierno. El proyecto de la Unidad Popular no era meramente reformista, sino que aspiraba a una transformación estructural de la sociedad, con el objetivo último de instaurar una dictadura totalitaria del proletariado, aunque a través de la vía pacífica inicialmente. Este objetivo, según Kaiser, era incompatible con el funcionamiento y la supervivencia de una democracia liberal.
El gobierno de Allende se caracterizó por una profunda polarización social, una grave crisis económica y un creciente desprecio por el Estado de Derecho. Las expropiaciones masivas, las tomas de tierras y fábricas, la desobediencia civil promovida por sectores afines al gobierno, y la creación de organismos paralelos de poder, contribuyeron a un colapso institucional. El respeto a la propiedad privada, la independencia de los poderes del Estado y la convivencia pacífica entre distintos sectores de la sociedad se vieron seriamente comprometidos. La escalada de violencia política, con enfrentamientos entre grupos de izquierda y derecha, y la proliferación de armas en la sociedad, crearon un ambiente de guerra civil latente.
Para Kaiser, la Unidad Popular no buscaba perfeccionar la democracia existente, sino reemplazarla por un modelo completamente diferente, donde el Estado tendría un control absoluto sobre la economía, la educación, los medios de comunicación y, en última instancia, sobre la vida de los ciudadanos. Este intento de instaurar una dictadura totalitaria, aunque no consumado, fue el motor de la crisis que devino en el golpe de Estado. La falta de respeto por las decisiones de los otros poderes del Estado, las interpretaciones convenientes de la Constitución y la persistencia en un programa que el país mayoritariamente rechazaba al final, demostraron una voluntad de imponer un modelo a toda costa, sacrificando la estabilidad democrática en el proceso.
El Papel de los Militares y las Violaciones a los Derechos Humanos
En su análisis, Axel Kaiser sostiene una postura controvertida respecto al rol de los militares en el golpe de 1973. Afirma que los militares "salvaron" y "arreglaron" el país, en el sentido de que detuvieron la caída de Chile hacia el caos económico, social y político, y evitaron la instauración de una dictadura totalitaria de corte marxista. Esta afirmación no implica, sin embargo, una justificación de todos los hechos ocurridos bajo el régimen militar. Kaiser es cuidadoso al señalar que su perspectiva no equivale a una validación de las violaciones de DDHH cometidas, un punto de inflexión moral que él reconoce como inaceptable.
No obstante, Kaiser también resalta que las violaciones de DDHH no fueron exclusivas de un bando. Argumenta que la izquierda chilena también incurrió en este tipo de abusos, antes y durante el gobierno de la Unidad Popular, aunque en una escala y contexto diferentes. Esta es una forma de contextualizar la violencia de la época, sugiriendo que la brutalidad no fue un monopolio de un solo actor, sino parte de una espiral de confrontación que se gestó durante años. Su argumento es que, aunque los actos posteriores del régimen militar son condenables, el contexto que llevó a la intervención militar fue uno de extrema ingobernabilidad y amenaza real a la existencia del Estado de Derecho, un escenario provocado por la Unidad Popular.
La intervención de los militares, desde la perspectiva de Kaiser, fue una respuesta extrema a una situación extrema. No fue una acción arbitraria contra una democracia funcional, sino una reacción a lo que él considera la destrucción de la democracia chilena desde dentro. El "arreglo" al que se refiere Kaiser implica la restauración del orden, la contención de la hiperinflación y el restablecimiento de una economía de mercado, lo que sentó las bases para el posterior desarrollo económico de Chile. Reconocer esto, para Kaiser, no significa blanquear la represión, sino entender la complejidad de un período histórico donde ambos bandos contribuyeron a una situación de violencia y desintegración social que tuvo consecuencias trágicas para la nación.
La "Patología Moral" de la Izquierda: Un Paraíso que Lleva al Desastre
Uno de los conceptos más fuertes que Axel Kaiser utiliza para describir la "pulsión" de ciertos sectores de la izquierda es el de una "patología moral". Esta "patología" se manifiesta en la búsqueda obsesiva de construir un "paraíso sobre la tierra" mediante la ingeniería social radical. Para Kaiser, esta aspiración, aunque pueda parecer bienintencionada en la superficie, es en realidad un acto de "narcisismo" y "soberbia" intelectual, al creer que se poseen las claves para rediseñar la sociedad y la naturaleza humana de acuerdo con una visión ideológica preconcebida. Esta creencia, sostiene Kaiser, inevitablemente conduce al "desastre".
Esta "patología moral" se basa en la convicción de que es posible perfeccionar la humanidad y la sociedad eliminando las imperfecciones inherentes a la condición humana y a los sistemas sociales basados en la libertad individual. La promesa de un "paraíso" es atractiva, pero su implementación requiere la supresión de la disidencia, el control total sobre la vida de los individuos y la eliminación de la propiedad privada y la economía de mercado. El intento de imponer una utopía, al chocar con la realidad y la libertad humana, genera resistencia, que es entonces reprimida por el poder estatal en nombre de la consecución del ideal.
La historia del siglo XX está plagada de ejemplos de cómo estos intentos de crear "paraísos" han degenerado en infiernos autoritarios, con millones de víctimas y la destrucción de la prosperidad y la libertad. Desde el socialismo real hasta el totalitarismo marxista, los regímenes que han perseguido estas "utopías" han terminado en la miseria económica, la opresión política y las violaciones de DDHH masivas. Por lo tanto, para Kaiser, la "pulsión" de la izquierda por construir este "paraíso" no es solo un error político o económico, sino una "patología moral" porque ignora la realidad de la naturaleza humana y conduce a la imposición forzada de un ideal que, en la práctica, se traduce en tiranía y sufrimiento.
Colectivismo vs. Individualismo: La Gran Disputa Filosófica
La discusión sobre Salvador Allende y la Unidad Popular lleva a Axel Kaiser a abordar una de las "grandes peleas filosóficas" de la humanidad: la tensión entre el individualismo y el colectivismo. Esta dicotomía se encapsula en la frase "las necesidades de la sociedad vienen antes que las necesidades del individuo", una idea que subyace en gran parte del pensamiento socialista y colectivista.
El Origen de la Frase: "Las Necesidades de la Sociedad Vienen Antes que las Necesidades del Individuo"
Kaiser explica que la frase "las necesidades de la sociedad vienen antes que las necesidades del individuo" proviene de un "instinto colectivista" ancestral, profundamente arraigado en las sociedades tribales. En el contexto de estas comunidades primitivas, la supervivencia del grupo era la prioridad absoluta. La vida era precaria, los recursos escasos y las amenazas constantes. En tales circunstancias, la primacía de la comunidad era una necesidad existencial: el individuo debía subordinar sus deseos y bienestar al de la tribu para asegurar la supervivencia de todos. El sacrificio individual por el bien común no era una opción moral, sino una condición indispensable para la existencia misma de la comunidad.
Esta "ética tribal" se manifestaba en una organización social donde la identidad del individuo estaba intrínsecamente ligada al grupo, y donde las decisiones se tomaban en función de la cohesión y la fortaleza colectiva. La propiedad individual era limitada o inexistente, y la cooperación era el motor principal. Este "instinto colectivista" es, para Kaiser, una respuesta evolutiva a un entorno hostil, donde la solidaridad de grupo era la única garantía de continuidad de la especie. Sin embargo, advierte Kaiser, aplicar esta lógica a las complejidades de las sociedades modernas es un error fundamental.
La Incompatibilidad de la "Ética Tribal" en Sociedades Extensas
La aplicación de esta "ética tribal" a las "sociedades extensas" de hoy es, para Kaiser, no solo incompatible, sino profundamente peligrosa. En una sociedad moderna, compleja y vasta, donde la división del trabajo es extrema y las interacciones sociales son innumerables y anónimas, la primacía del colectivo sobre el individuo se traduce en la necesidad de un control estatal totalitario. Si las necesidades de la sociedad son paramount, entonces una autoridad central debe definir cuáles son esas necesidades y cómo se satisfacen, lo que inevitablemente conduce a la supresión de la autonomía individual, la libertad económica y política.
Este control estatal totalitario se manifiesta en la planificación centralizada de la economía, la censura de la expresión, la vigilancia constante de los ciudadanos y, en última instancia, en la represión violenta de cualquier disidencia. Cuando la "sociedad" (o el Estado en su nombre) se convierte en la única fuente de valor y propósito, los derechos individuales son relegados a un segundo plano o simplemente anulados. La historia, nuevamente, ha demostrado que esta lógica conduce a la tortura y los fusilamientos como herramientas para imponer la visión colectivista. Países que han adoptado esta postura han terminado por destruir la prosperidad y la libertad, creando sistemas opresivos donde el individuo es un mero engranaje al servicio de la maquinaria estatal. Esta es la "gran pelea filosófica" que se libra constantemente, entre quienes defienden la libertad y la autonomía del individualista y quienes abogan por la primacía del colectivista y el poder del Estado.
La Prohibición de Partidos Políticos: ¿Una Medida Necesaria?
Finalmente, Axel Kaiser aborda la delicada cuestión de la prohibición de partidos políticos, mencionando ejemplos como los partidos nacionalsocialista o comunista. En esta materia, su postura es matizada: "hay que evaluarlo caso a caso". Esta afirmación sugiere que no existe una regla universal y que la decisión de prohibir una organización política debe ser el resultado de un análisis cuidadoso de su naturaleza y sus intenciones.
Para Kaiser, la prohibición de un partido no debe ser una medida arbitraria, sino una respuesta a una amenaza existencial para el sistema de libertad. No descarta la prohibición si una organización "impone una amenaza a la subsistencia de la sociedad libre". Esto implica que partidos que, por sus estatutos, ideologías o acciones, buscan activamente subvertir el orden democrático, abolir las libertades fundamentales o establecer un régimen totalitario, podrían ser objeto de tal medida. La discusión no se centra en la mera disidencia ideológica, sino en la promoción activa de la destrucción de las instituciones que sustentan la libertad.
Sin embargo, Kaiser también reconoce que la efectividad de tales prohibiciones es cuestionable. La historia muestra que la prohibición de ideas, por más peligrosas que sean, a menudo no las elimina, sino que las empuja a la clandestinidad, donde pueden radicalizarse y operar fuera del escrutinio público. Además, el riesgo de que tales prohibiciones se utilicen indebidamente para suprimir la disidencia legítima es siempre presente. Por lo tanto, la decisión de prohibir un partido político es un dilema complejo que equilibra la necesidad de proteger la sociedad libre con el principio de la libertad de asociación y expresión, y la pragmática consideración de la efectividad de dicha medida. Es una batalla constante por definir los límites de la tolerancia en una sociedad abierta.
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